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La naturaleza humana está en el ADN del m-commerce: se impondrá Sí o Sí.

Leía en un diario de tirada nacional un extracto de una ponencia de Mónica Deza, publicista a la que tuve el privilegio de conocer en su etapa de una Mccann en sus primeras apuestas sobre publicidad & marketing en dispositivos móviles. De esto, hace al menos más de cuatro años y los teléfonos inteligentes estaban aún en la mente de los propietarios de RIM y Nokia, por lo menos. La evangelización empezaba. En las postrimerías del año 2012, ya estamos hablando de un acto de Fe ciega: utlizar el móvil para casi todo, que para eso existen millones de robots en formato aplicación para facilitarnos la existencia.

“Las personas tardan una media de 2,5 segundos en decidir una compra, y la mayor parte de este tiempo, concretamente el 80%, transcurre en el ámbito del subconsciente cerebral, zona responsable de los impulsos irracionales”, apuntaba Mónica en I Congreso Internacional de Neurociencias de la Comunicación celebrado en Valencia. El 80, parece ser un número cabalístico en esto del comercio electrónico. Philip Kotler, gurú del marketing moderno, afirma que actualmente el 80% de las compras que realizamos depende de nuestras emociones y no de patrones que apelen a la razón. Y ya que hablamos de compras, huyendo del ensayo científico y acercándonos a la ciencia de la mundología popular, que sabia es la experiencia, según un estudio de un grupo consultor de Boston de cuyo nombre no logro acordarme, divulgaba que el 80% de las compras son realizadas por las féminas.

Sí ya sé que FaceBook es ahora políticamente correcto, y cumple la norma de paridad de sexo promulgada por algún político en nuestra actual España, que tiene 800 millones de usuarios y que 350 millones de ellos ya están movilizados en su uso cotidiano, pudiéndose convertir en una gran tienda online de publicidad y ventas de productos.

Pero si yo me dedicara al m-commerce, no descuidaría el aspecto emocional, ellas no reemplazan productos, se dejan llevar por el sentimiento que la compra le provoca. No hace falta recortar márgenes, son exigentes buscan calidad y una concepción mediocre del producto puede desvanecer la venta. Y lo más importante, el sexo femenino es más social, recomienda más y se sienten mejor haciéndolo.

Blanco y en botella, el “smartphone” como herramienta de descubrimiento de productos y servicios permite una compra impulsiva en cualquier contexto y escenario. Puro ADN digital para el comercio móvil. Y además de utilidad macroeconómica y social, la austeridad no fomenta el gasto y así el PIB no crece. Nos mordemos la cola de la pescadilla. Al final el m-commerce podría ser una buena solución a los índices económicos más sensibles a la confianza y al consumo.

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